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La Titanomaquia | Capítulo XIII

 Título: La Titanomaquia.

Autor: Eduardo García.

Año: 2020.

Capítulo: "Un bello mal".

Capítulo anterior: "El robo del fuego sagrado".

Tienda en Amazon: La Titanomaquia.

CAPÍTULO XIII

"UN BELLO MAL"

En su afán de castigar a la humanidad, Zeus le ordenó al dios de las forjas, Hefesto, que de la arcilla creara una criatura que tuviera la belleza de las diosas olímpicas, el hijo de Zeus tomó como modelo a su propia esposa, la diosa Afrodita que era por mucho la criatura más agraciada de todo el Olimpo, la diosa del amor le aconsejó a su marido darle un toque de sensualidad a la mujer y así lo hizo, además de eso, Atenea le aconsejó que le diera el don de la sabiduría, la obra parecía estar terminada, pero no, aún faltaba que se le dieran los defectos, entre los que estaban sus mentiras y engaños para persuadir a los hombres de hacer lo que ella quería, esto último fue una idea propuesta por el dios Hermes, ya que éste era todo un maestro en las mentiras, la criatura, que llevaría por nombre Pandora, haría uso de esas características y de su sensualidad para conseguir todo lo que se propusiese, para terminar se le dio la curiosidad, la obra de Hefesto estaba lista, era bella y esbelta, Zeus la sopló y le dio vida. 

Además de ello, Zeus le hizo dos regalos a Pandora, primero le regaló una caja de oro que se encontraba cerrada y también le obsequió un collar del que colgaba una llave con la cual podría abrir la caja cuando ella quisiera, aquella contenía todos los males existentes que hasta nuestros días azotan a la humanidad.  

Pandora se dirigió hasta donde vivían los titanes Epimeteo y Prometeo, al verla, el primero de éstos se quedó perdidamente enamorado de la criatura que era tan bella como la mismísima diosa de la belleza y, que aparentemente, no significaba ningún peligro para él o para los hombres, no tenía la fuerza ni el poder que sí tenían las diosas, era simplemente perfecta, el titán tomó a la primera mujer como su esposa, todo era felicidad en su casa, parecía como si estuviese viviendo un sueño, Epimeteo se creía el ser más afortunado al tener a su lado a una mujer como Pandora. 

Pero ella no compartía el sentimiento del titán, la curiosidad no la dejaba en paz, día a día y noche a noche había una pregunta que no se podía sacar de la cabeza “¿Qué habrá dentro de la caja?”, lo pensaba todo el día, tenía en sus manos la llave que podía abrir la caja y descubrir qué es lo que contenía, Zeus le había hecho prometerle que no abriría la caja pasara lo que pasara, pero la curiosidad fue más fuerte que la voluntad de Pandora, se quitó el collar, tomó la llave y abrió la caja, todos los males que contenía aquella salieron inmediatamente y se esparcieron por todo el mundo. 

Hasta ese entonces la humanidad no tenía problemas, no conocía el hambre, la envidia o el odio, vivían en paz y armonía, al liberarse los males, éstos se apoderaron de los hombres y cambiaron para siempre su forma de vivir, al ver lo que había hecho, Pandora cerró la caja, dejando dentro de ella a la esperanza, el único mal que no fue liberado por la mujer. 

Zeus miró satisfecho todo desde su trono en el Monte Olimpo, entre risas por haber concretado su venganza a la humanidad, él mismo describió a Pandora como “un bello mal” que haría pasar a los hombres la mayor de las fortunas o la peor de las desgracias, tan necesario que ningún hombre quedaría a salvo de sus encantos o de sus engaños, para tener descendencia, el hombre tendría que recurrir forzosamente a la mujer haciendo así un círculo interminable de desgracias, con los males que liberó Pandora, la venganza de Zeus estaba consumada. 

El castigo que recibiría el titán sería mucho mayor, Zeus hizo uso de séquito que está conformado por los hermanos Bía y Cratos, ambos son la personificación de la fuerza misma, aprehendieron a Prometeo y lo llevaron a la lejana región del Cáucaso, ahí lo encadenaron a una enorme piedra, una vez inmovilizado, el águila gigante Etón sería el encargado de torturarlo por toda la eternidad, la enorme ave era hijo de Tifón y Equidna, dos bestiales y terroríficas criaturas. El ave devoraba el hígado del titán, provocándole insoportables dolores, ya que éste era inmortal, su órgano se regeneraba solo para correr el mismo destino una y otra vez, para siempre, un castigo verdaderamente cruel y despiadado, pero el titán aceptó la pena impuesta por Zeus, decidió sacrificarse por su creación, por lo cual es reconocido como el benefactor de la humanidad.


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