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La Titanomaquia | Capítulo XI

 Título: La Titanomaquia.

Autor: Eduardo García.

Año: 2020.

Capítulo: "La boda de Zeus y Hera".

Capítulo anterior: "El mensajero de los dioses".

Tienda en Amazon: La Titanomaquia.

CAPÍTULO XI

"LA BODA DE ZEUS Y HERA"

Zeus, el rey de los dioses olímpicos era todo menos fiel, Hera lo sabía, no lo amaba ni tenía ningún tipo de interés en su hermano menor, pero ¿por qué se casaron? Zeus cortejaba a la temperamental diosa, pero ella siempre rechazó las propuestas del dios que no dejaba de acosarla en ningún momento, siempre que Zeus aparecía, la diosa huía, entonces el dios llegó a la conclusión de que, para poder acercársele, debía de adoptar otra forma que no fuera la suya, y así lo hizo, aprovechando la habilidad de había adquirido al engullir a Metis, el dios se transformó en un indefenso cuco, el ave estaba en una rama de un árbol sin follaje en medio de una terrible tormenta que había sido causada por el propio Zeus.

La diosa iba caminando cuando se encontró el árbol en medio de su trayecto que, sospechosamente, no estaba ahí anteriormente, Hera miró al ave y se apiadó de él, no sospechando que se trataba de un engaño de Zeus, abrazó al cuco, dándole cobijo en su pecho para que no se mojara y muriera, cuando eso pasó, Zeus regresó a su forma natural y, estando en los brazos de la diosa, la tomó a la fuerza y la violó, a la pobre Hera no le quedó de otra mas que casarse con él.

La boda fue una celebración excepcional que se realizó en el Monte Olimpo, todas las divinidades estuvieron invitadas a la boda de los dioses, ningún dios se atrevió a faltar a la boda, por mucho que no quisieran ir, fue Hermes el encargado de entregar las invitaciones a todas las divinidades que se dieron cita en el Olimpo y disfrutaron de un delicioso banquete amenizado con la melodía del mismísimo dios de la música, Apolo y su talentoso hijo, el dios Orfeo que fue la sensación de la fiesta.

Solamente hubo alguien que no se presentó, esa fue la ninfa Quelona quien era especialmente conocida por ser la más floja de todas las divinidades, era tal su flojera que todo el día se la pasaba recostada para evitar gastar energía en realizar alguna actividad, al ver que no llegaba al banquete, Hermes fue hasta donde se encontraba la ninfa para recordarle una vez más sobre la fiesta, Quelona dijo que no tardaría en llegar al Olimpo, no había nada de qué preocuparse, Hermes se marchó y la ninfa comenzó a caminar hacia la residencia de los dioses, pero sus pasos eran cada vez más lentos y cortos, en el trayecto se encontró al resto de las ninfas de regreso, la fiesta se había terminado. 

Los recién casados, Zeus y Hera, culparon a Hermes por la ausencia de la ninfa, ya que, era totalmente increíble que una divinidad no se hubiese presentado por decisión propia a la boda del rey de los dioses, lo que ellos creyeron es que el mensajero de los dioses no había cumplido su trabajo de entregarle la invitación a Quelona, enfadado, Hermes regresó a la casa de la ninfa, para vengarse de ésta, la arrojó a un estanque de agua que estaba al lado de su casa, además, desprendió su casa del suelo y también se la arrojó al agua, y le impuso un castigo, a partir de aquel momento, la ninfa estaría condenada a cargar su casa sobre su espalda, convirtiéndola en una tortuga, lo que no cambió fue la pereza con la que se movía la ninfa, característica que hasta hoy conservan los animales de esa especie.

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