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La Titanomaquia | Capítulo XLIII

 Título: La Titanomaquia.

Autor: Eduardo García.

Año: 2020.

Capítulo: "El diluvio griego".

Capítulo anterior: "Talos".

Tienda: La Titanomaquia.

CAPÍTULO XLIII

"EL DILUVIO GRIEGO"

La humanidad, la gran creación de Prometeo se había corrompido totalmente, su perversión no conocía límites, al igual que los dioses, pero ellos al ser divinos, no ameritaban castigo alguno, pero no así los hombres, sus ofensas habían llegado a tal extremo que el propio rey del Olimpo mandó llamar a todas las divinidades para una urgente reunión en la residencia de los dioses.

Así pues, todos los dioses y demás seres se hicieron presentes en el Monte Olimpo, una vez ahí, Zeus les dijo:

“Ya sé que todos tienen sus propios asuntos y que la gran mayoría está aquí en contra de su propia voluntad, pero tengo que tratar con ustedes un tema por demás urgente, la humanidad nos está causando demasiados problemas, mírenlos, se han degenerado, pervertido y corrompido en exceso, son malos hasta los huesos, ahí tienen a Tántalo que nos dio de comer a su propio hijo o a Licaón que me ofreció la carne de un esclavo, sus ofensas tienen que terminar, no podemos permitir que esto siga sucediendo”. 

-“Tienes toda la razón, las filas que conducen hasta la entrada del Tártaro parecen interminables, si el espacio ahí no fuera infinito, diría que no puede albergar un alma más, son muy pocos los que logran entrar a los Campos Elíseos, ya ni siquiera les asustan los castigos de Hades”, dijo Hermes.

“Ahí lo tienes, estos malditos degenerados no nos respetan, pero yo se los haré pagar muy caro, y para ello, necesito que me ayuden a pensar en cómo aniquilar a toda la humanidad”.

-¡Fuego! ¿Viste como corrían y se retorcían los africanos cuando Faetón los quemó con el carro de su padre? Pues imagínatelo a una escala mundial, todos arderían y pagarían por sus crímenes, opinó Ares.

“No, no todos son igual de pervertidos, aún quedan algunos que conservan su inocencia, o que al menos no son igual de degenerados que los demás, ahí tienes a los niños, son inocentes, no merecen morir tan cruelmente”, contestó Atenea.

-“Entonces, debemos de ingeniar una manera de aniquilarlos a todos, pero sin ser tan crueles, pensando en los inocentes, ¿qué podemos hacer?

“¡Lo tengo! Creo que tengo la solución idónea, inundemos la tierra por completo, cubrámosla toda con agua hasta que no quede nadie con vida, no es una forma tan terrible de morir, los más pervertidos, que sean torturados en el Tártaro y listo”, comentó Poseidón.

Después de meditarlo unos minutos, Zeus contestó: “Creo que no es una mala idea, sería una manera efectiva de aniquilarlos, aunque sacrificaríamos a todos los animales, pero ellos volverán a la vida cuando eso haya acabado, no se diga más entonces, Poseidón, asesínalos”.

El rumor de que los dioses olímpicos habían decidido asesinar a la humanidad llegó hasta los oídos de Prometeo quien seguía siendo torturado por el águila Etón, entonces vio pasar a dos personas, ellos eran Deucalión y Pirra, un matrimonio viejo que no se había conducido por el camino de la perversión como los demás, podría decirse que eran las personas más justas de aquel entonces, Prometeo les reveló el fatídico destino que correrían todas las civilizaciones del mundo, diciéndoles que para sobrevivir, deberían de construir un arca y así lo hicieron.

De pronto, Poseidón hizo que el nivel del agua subiera, los ríos crecieran y del cielo cayera una lluvia como nunca antes se había visto, llovió y llovió sin parar, no hubo un solo pedazo de tierra que no fuera alcanzado por las aguas, los desprevenidos humanos sucumbieron ante el terrible castigo de los dioses, los incontables cadáveres flotaban sobre el agua. 

Ningún reino quedó en pie, la raza humana había desaparecido, o al menos eso creían los dioses, en la cima del Monte Parnaso había dos sobrevivientes, gracias al arca que habían construido, Deucalión y su esposa no murieron, al principio, los dioses quisieron asesinarlos también para no dejar rastro alguno de los humanos.

Pero, decidieron darles una oportunidad, los dejaron vivir en la tierra que estaba completamente despoblada, ningún animal o humano se paseaba más por el mundo, a excepción de los animales marinos que sobrevivieron a la catástrofe, la pareja no entendía lo que había sucedido, de pronto todo se había cubierto de agua, el mundo había quedado sumergido y toda la vida se había esfumado, no sabiendo qué hacer, Deucalión le propuso a su esposa ir al Oráculo de Delfos para consultar al dios Apolo.

Bajaron del Monte Parnaso y se dirigieron hasta el templo que aún se mantenía en pie como el resto de templos dedicados a los dioses, ahí no había sacerdotisa que interpretara las predicciones del dios de la música, así que él mismo le dijo a la pareja qué deberían de hacer, fiel a su estilo, la respuesta no fue clara, sino todo lo contrario, Apolo había contestado “Arroja detrás de ti los huesos de tu madre”.

La pareja no entendió nada de lo que había querido decir el oráculo, pensaron que deberían de tomarlo literalmente, pero sería imposible encontrar los restos de su madre entre todo el mar de cadáveres, eso no debía de haber sido la respuesta correcta, pasaron días meditando lo que les había dicho el oráculo, hasta que, pensaron que la madre tierra es la diosa Gea, por lo que, las rocas serían los huesos de ésta, si los arrojaban detrás de sí, la humanidad renacería.

Lo intentaron y, para su fortuna, la interpretación de Deucalión había sido correcta, las rocas se convirtieron en personas adultas, de las piedras que arrojaba Pirra nacían mujeres, y hombres de las de su marido, ambos recorrieron el mundo entero arrojando piedras hacia atrás hasta que volvieron a poblar la tierra, la humanidad estaba de vuelta, pero no eran ni la mitad de degenerados que sus antecesores, los dioses no volvieron a imponer un castigo de tal magnitud a la humanidad.

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