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La Titanomaquia | Capítulo XLVII

 Título: La Titanomaquia.

Autor: Eduardo García.

Año: 2020.

Capítulo: "Erictonio de Atenas".

Capítulo anterior: "La maldición de Medusa".

Tienda: La Titanomaquia.

CAPÍTULO XLVII

"ERICTONIO DE ATENAS"

La guerra de Troya es por mucho uno de los conflictos bélicos más importantes y conocidos de toda la historia de la humanidad, durante años miles de hombres murieron a manos de otros hasta la destrucción de la ciudad de Troya, un verdadero festín para el dios de la guerra, Ares, quien veía maravillado cómo los hombres se mataban entre sí de una forma despiadada y sangrienta, claro que, la diosa de la sabiduría también intervino en la guerra que llenaba de condenados al Tártaro.

La diosa Atenea decidió visitar al herrero más talentoso, Hefesto en su taller en el Monte Olimpo, él fabricaba las armas con las que se habría de pelear en la guerra troyana, a la diosa le gustaba ver cuando el Hefesto trabaja para crear las armas, la amistad no tardó en surgir entre ambas divinidades, pero nunca habían intentado sobrepasarse el uno con el otro, siempre se habían tratado con respeto, coincidió que en el Olimpo también estaba de visita el señor de los mares, Poseidón, al ver lo bien que se llevaban los dos, quiso sembrar la intriga en Hefesto.

Después de su divorcio con Afrodita, el herrero se había quedado triste y solo, se dedicaba de lleno a su trabajo en su taller olímpico, prácticamente no salía de ahí en todo el día, esto fue precisamente lo que aprovechó Poseidón, diciéndole a Hefesto que las constantes visitas de Atenea se debían a que ella quería unirse al dios.

El crédulo Hefesto creyó todo cuanto le había contado Poseidón, no podía creer que una de las diosas más bellas del Olimpo se hubiera fijado en alguien como él, que no era precisamente el más galán de todos los dioses, cuando Atenea volvió a visitar a Hefesto para que fabricara más espadas y escudos, el dios estaba completamente invadido por el deseo y la lujuria.

Insinuándosele insistentemente a la diosa, pero ella lo rechazó, no tenía ni la más mínima intención de unirse a él o a cualquier otro hombre, si algo caracterizaba a Atenea era precisamente su virginidad, pero poco le importó a Hefesto, su excitación había llegado a tal punto que no podía pensar en otra cosa que no fuera en la bella Atenea.

Intentó tomarla por la fuerza, pero Atenea se resistió en indignada, estaba a punto de salir del taller de Hefesto, pero, cuando se dio cuenta, el semen del herrero había brotado, manchando el vestido de la diosa quien se llenó de furia contra el dios golpeándolo mientras él solo se cubría la cabeza, la diosa se limpió con algodón y lo arrojó del Olimpo.

La semilla del dios se impregnó en la tierra, la diosa Gea había quedado embarazada de su propio bisnieto, aquel pasó a llamarse Erictonio, un bebé bastante extraño, la mitad de su cuerpo tenía la anatomía de una serpiente, la diosa de la sabiduría siempre había querido ser madre, pero, por su voto de castidad, eso le era imposible, por lo que adoptó a Erictonio como si fuera su propio hijo, muchos historiadores afirman que era su hijo biológico, pero no fue así, la diosa permaneció virgen por toda la eternidad, Erictonio no había nacido de ella, sino de la madre tierra, Gea.

Atenea le encargó su crianza a las princesas de Atenas, las hermanas Aglauro, Herse y Pándroso, introdujo al bebé en una caja y se las entregó, advirtiéndoles que bajo ninguna circunstancia debían de abrirla, pero la curiosidad fue mayor, al más puro estilo de Pandora, las princesas abrieron la caja y se encontraron con aquella criatura tan perturbadora, aterradas, las princesas corrieron despavoridas, tanto que ni siquiera vieron por dónde iban caminando hasta que cayeron desde lo alto de la Acrópolis de Atenas causándoles la muerte.

Al ver lo sucedido, a Atenea no le quedó de otra más que ser ella quien criara a Erictonio en la Acrópolis, no podía ser criado en otro lugar porque en aquel entonces la guerra no daba lugar a la paz y la tranquilidad que sí había en el santuario de la diosa, el niño creció hasta convertirse en un sabio gobernante por haber crecido bajo la severa tutela de la diosa Atenea, gracias a ello, Erictonio se convirtió en uno de los reyes más famosos y aclamados de la ciudad de Atenas que se convirtió en la más poderosa y próspera de toda la antigua Grecia.

Atenas fue la ciudad más avanzada de aquella época, los avances en varias ramas fueron más que evidentes, inventos y descubrimientos que cambiaron el rumbo de la humanidad, incluso hasta nuestros días, todos estos bajo el mandado de Erictonio de Atenas que siempre recibió el beneplácito de su madre adoptiva.

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