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La Titanomaquia | Capítulo XXIV

   Título: La Titanomaquia.

Autor: Eduardo García.

Año: 2020.

Capítulo: "Licaón".

Capítulo anterior: "Abrazo de oso".

Tienda: La Titanomaquia.

CAPÍTULO XXIV

"LICAÓN"

Licaón fue el rey de la región de Arcadia, que en tiempos pasados había sido un verdadero paraíso, todo crecía en gran abundancia en ella, daba alimento a manos llenas a todos sus habitantes, la prosperidad, la paz y la armonía eran una característica indiscutible de la región durante la época dorada de los hombres, hasta que, Pandora abrió su caja liberando a los males que estaban contenidos en ella, con esto, los hombres se invadieron de codicia y envidia que llevaron a la perdición de la tranquilidad que gobernaba en toda Arcadia, ahora, ésta región no era más que un vil nido de víboras y aquellos buenos tiempos no fueron más que un melancólico recuerdo para los hombres. 

Licaón anhelaba que su pueblo regresara a gozar de aquellos placeres, pero, sabía que no sería sencillo conseguir tal cosa, para lograrlo o, tan siquiera acercarse a ello, tenía que tener la bendición de los dioses, mandó construir un enorme y esplendoroso templo en honor a Zeus, era simplemente majestuoso, no había un templo más grande que el que Licaón edificó en honor al rey de los dioses para lograr que éste los bendijera, y así sucedió. 

Zeus estaba más que satisfecho con el templo que se le había dedicado en su honor, la prosperidad llegó a Arcadia y el pueblo aclamaba a su rey, pero Licaón no estaba satisfecho con el regalo que el dios le había hecho a su pueblo, se convirtió en un fanático religioso, siempre estaba adorando a los dioses con el fin de obtener aún más bendiciones de parte de éstos. 

Inmerso en su fanatismo, Licaón comenzó a ofrecer sacrificios humanos a los dioses, en especial a Zeus, un acto completamente aberrante a los ojos del dios que lejos de sentirse alagado, se volvió en contra del rey, estaba realmente enfurecido, bajó del Olimpo y se transformó en un hombre común y corriente, haciéndose pasar como un extranjero, éstos eran raptados y sacrificados por los hombres de Licaón en el gran templo de Zeus, faltando así con otra de los mandamientos del dios, que era la hospitalidad a todos los extranjeros. 

Zeus, disfrazado, fue raptado y llevado delante de Licaón, éste lo condenó a ser sacrificado en honor a Zeus, sin saber que aquel hombre de aspecto vagabundo era el propio dios del rayo, uno de los hombres del rey sospechó que, en realidad, se trataba de Zeus por la tranquilidad y confianza que tenía aun después de haber sido condenado a ser sacrificado, se lo comunicó a Licaón, éste decidió no sacrificarlo en el momento, sino ofrecerle un banquete, Zeus aceptó y fue al banquete, pero la carne que comió no era de algún animal, sino la carne de un esclavo. 

Zeus no pudo contener más su ira y tomó su forma natural, fuera del palacio de Licaón había un gran estruendo, una increíble tormenta eléctrica azotaba Arcadia, provocada por la rabia de Zeus contra el rey que comenzó a transformarse, al igual que a su hija, sus dientes crecieron y se afilaron, su cuerpo se cubrió de pelo, no podía hablar sino emitir horribles aullidos, Licaón escapó del palacio y se perdió en las tinieblas del bosque, cada vez que la luna llena alumbraba los frondosos árboles del bosque, el rey subía a lo más alto de alguna colina para aullar, lamentándose de sus actos. 

El aullido era espeluznante, al escucharlo se sentía un implacable terror, la piel se erizaba, el miedo invadía a los hombres que se atrevían a adentrarse a los dominios de la bestia que era mitad hombre y mitad lobo, el destino de los valientes sería fatal, morirían irremediablemente a manos de la criatura que durante muchas eras atormentó a toda la región que alguna vez gobernó. 

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