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La Titanomaquia | Capítulo XXXI

   Título: La Titanomaquia.

Autor: Eduardo García.

Año: 2020.

Capítulo: "El Rey Midas".

Capítulo anterior: "El terror de los dioses".

Tienda: La Titanomaquia.

CAPÍTULO XXXI

"EL REY MIDAS"

El Rey Midas era el gobernante de la región de Frigia, éste mandó recurrentes y esplendorosos regalos al Oráculo de Delfos durante todo su reinado, ya que, gracias a él supo qué acciones tomar y cuáles no, con la ayuda del oráculo de Apolo, Midas logró que Frigia alcanzara una gran prosperidad, para muchos, la época dorada de la región turca. 

Dionisio, dios del vino, no encontraba al más fiel de sus acompañantes, el sátiro Sileno, quien fue conocido ampliamente en la antigüedad por ser un sabio, pero solo cuando estaba alcoholizado, que era la mayoría del tiempo, vagando por el bosque, se perdió, llegando hasta el reino de Midas en Frigia, al verlo en el estado en el que se encontraba, unos hombres lo ayudaron, lo cargaron y lo llevaron en presencia de Midas. 

El rey lo reconoció inmediatamente y ofreció un gran banquete en honor a su invitado, fueron noches y días enteros de borracheras, Sileno estaba hundido en el alcohol, Dionisio finalmente encontró a su padre adoptivo y se presentó en el palacio de Midas, lo que vio fue que, había sido tratado cortésmente y habían cuidado de él bastante bien, complacido, Dionisio le dijo al rey que le concedería lo que él pidiese. 

El ambicioso Midas se quedó pensativo por unos instantes, no sabía qué opción elegir, al fin, terminó por ganar su codicia y le contestó:  

“Deseo que todo lo que toque, se convierta en oro”. 

“¿Estás seguro que ese es tu deseo?”, contestó el extrañado Dionisio.

Midas confirmó su deseo, así que, Dionisio le confirió el poder de convertir en oro puro todo aquello que el Rey Midas tocase, cualquier cosa, irremediablemente se transformaría, impaciente, Midas se apresuró a coger una piedra que se encontraba en el suelo, la cual se transformó al instante en oro, estaba completamente eufórico con su don, se convertiría en el hombre más rico de todo el mundo ¿o no?, después de despedir al dios y convertir varios objetos en oro, el rey estaba hambriento, iba a comer una manzana, cuando la tocó, la fruta también se convirtió en oro. 

Tomó un tenedor y se transformó también, con él pinchó un pedazo de pan y se lo llevó a la boca, al tocar sus dientes, el pan también se convirtió en oro, trató de beber vino, pero, tampoco pudo hacerlo, para el colmo de los males, cuando el rey estaba llorando desesperadamente sobre la mesa, su hija pequeña se le acercó para intentar consolarlo, tocando la mano de su padre, al sentirla, se le erizó la piel, la volteó a ver y lo que miró fue una estatua de oro. 

Midas sollozaba incontrolablemente, se hincó e imploró a Dionisio que le retirara el don que, lejos de ser una bendición era una maldición, el dios se apiadó del rey y le dijo. 

“Si quieres deshacer tu mal, deberás de lavarte en el río Pactolo y todo volverá a la normalidad”. 

Así lo hizo el rey, el río se tiñó del color del oro, la arena y las escamas de los peces se volvieron del mismo color, al hacerlo, todas las cosas que el rey había tocado y convertido en oro, habían vuelto a la completa normalidad, incluyendo a su hija, Midas había aprendido una gran lección, decidido, renunció a su cargo como el rey de Frigia, abandonó su palacio y todas sus pertenencias para vivir en el bosque de manera simple, junto a Pan, el dios de los bosques. 

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